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Cuando la Apertura es una Solución Fallida

Martes, 15 Febrero 2005

Hecmilio Galván

 

Santo Domingo.- Seguramente que el ex presidente norteamericano William Jefferson Clinton, mejor conocido como Bill Clinton, el más popular en esa nación desde la Segunda Guerra Mundial, ha pedido perdón en muchas ocasiones.

Sin embargo, ahora se presentan como memorables.

La primera, todavía fresca en el recuerdo, fue cuando compareció frente a la televisión nacional, una tarde de finales de 1998, para pedir perdón por haberle mentido a los norteamericanos sobre sus probadas relaciones con la becaria Mónica Lewinsky en plena Oficina Oval. Recuerdo ahora el “impeachment” (juicio) celebrado en el Congreso de los Estados Unidos para destituirlo.

 

Este ha sido el único juicio político presidencial ocurrido en ese país, y en muchos, en las últimas décadas, a pesar de que otros presidentes que le han sucedido han cometido mayores y peores felonías.

El segundo momento memorable de perdón presidencial ocurre 12 años después.

Clinton lo hizo mientras el mundo ponía sus ojos en el devastado Puerto Príncipe, capital de Haití, destruido por un terremoto largo y tendido.

Nueva posición 
El ahora enviado especial de las Naciones Unidas para Haití dijo el pasado 10 de marzo al Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano que reconocía que las medidas tomadas durante su gobierno para promover la liberalización de la economía haitiana y la exportación de arroz al país caribeño habían causado pobreza y hambre a este empobrecido pueblo. Pidió perdón públicamente por fomentar medidas que arruinaron la producción de arroz de Haití.

“Eso quizás fue bueno para algunos de mis agricultores en Arkansas, pero no ha funcionado. Fue un error”, reconoció, y continuó diciendo: “Tengo que aceptar las consecuencias de la pérdida de capacidad para producir cultivos de arroz en Haití para alimentar a esa gente debido a lo que yo hice; nadie más”.

El perdón que pidió Clinton es una acción trascendente, no porque pueda hacer volver el tiempo, sino, precisamente, porque implica un reconocimiento doloroso del fracaso del neoliberalismo que, por décadas, impulsó e impulsan los Estados Unidos y los organismos en los cuales mantiene influencia.

El fracaso de este modelo y la denegación de él es ya una opción generalizada entre políticos, intelectuales, académicos y periodistas del presente; esos que por moda o beneficios se adscribieron a sus postulados.

Las abjuraciones se vuelven comunes en la medida en que el capitalismo que lo prohijó y los países que fielmente lo adoptaron entran en crisis; desmoronándose sus pilares, como la liberalización comercial, las privatizaciones, la desregulación bancaria, la reforma y la no intervención estatal en la economía, entre otros.

Para pesar de todos, la renuncia al neoliberalismo y sus autores, que ya parecen caducos en la turbulencia del pensamiento actual, no se traduce aún, en todos los lugares, en decisiones políticas en la perspectiva de revertir sus avances contra los trabajadores.

Caso específico 
En el año 2009 quien escribe publicó, con el apoyo de la Asociación Dominicana de Hacendados y Agricultores (ADHA) el ensayo “La Isla Frente al Espejo”, que trataba precisamente de las consecuencias de la liberalización comercial en Haití y su impacto negativo sobre la agricultura de ese país, como un espejo para lo que podría suceder en República Dominicana.

Cuando el ensayo fue redactado corría el año 2008, y aún estaba muy presente el proceso que se denominó la crisis alimentaria, donde la mayoría de las materias primas alimentarias como arroz, cacao, maíz y leche multiplicaron varias veces su precio.

En el análisis se pudo demostrar que aquellos países que habían desmantelado sus aparatos productivos agrícolas para depender de importaciones baratas, se hacían extremadamente vulnerables a los vaivenes de los precios en el exterior y, por tanto, sensibles a padecer hambrunas e inestabilidades democráticas.

Haití, patio con patio, es el mejor ejemplo. El texto demuestra que a partir de la llegada al poder de Jean Claude Duvalier (Baby Doc), con una visión “modernizante” de la economía, comenzó a aplicarse en Haití una política comercial liberacionista motivada y apoyada por los organismos internacionales.

Una segunda ola neoliberal, y es la que compete a Clinton, se desarrolla en Haití a raíz del Golpe de Estado a Jean-Bertrand Aristide en 1995 cuando se produce la eliminación total y/o la fuerte reducción de los aranceles aduaneros a la importación.

RAZONES 
Muchas veces, los tomadores de decisión no dimensionan correctamente o no entienden la profundidad y amplitud de los efectos de la desaparición de un sector de la agricultura, el cual, en primer lugar, deja un vacío en el territorio y genera desarticulación productiva que afecta a otros sectores de la economía, multiplicando su efecto económico, pero a su vez, impacta sensiblemente el tejido social y la cultura local.

Las poblaciones vinculadas al quehacer productivo se ven obligadas a emigrar, produciéndose así un aumento de presión sobre las zonas urbanas, muchas veces sin capacidad para absorber el nuevo flujo de mano de obra.

De esta forma se producen severas distorsiones en el mercado de trabajo, marginación, pobreza, delincuencia; se profundizan las contradicciones sociales y, sobre todo, se desarticula la economía nacional como consecuencia de la pérdida de un eslabón de la cadena y de las consecuencias de una subutilización de dos recursos fundamentales.

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